martes, mayo 27, 2008

La Chuleta

Fuimos a un funeral la semana pasada. Una vecina que apenas conocimos. Su esposo, tras intercambiar algunos comentarios con nosotros, se despidió alegando que tenía que darle la noticia a los contactos de ella por email. Y de repente sentí terror. Si algo me pasa, ¿quién va a decirle algo a mis amigos virtuales? ¿Quién va aclararle a mis cuatro gatos que no ando por Las Vegas apostándole al 9 rojo?

Después de 21 años de independencia total y absoluta no se me ocurre aflojarle mis passwords a nadie. La fuerza de la costumbre, le llaman. No he pensado siquiera abrir una cuenta de correo en pareja. No me interesa preguntarle a mi esposo por sus claves. Y no porque no haya confianza . Al contrario, hay absoluta. Él no tiene curiosidad por revisar mis mensajes y yo tampoco por revisar los suyos. Pero el comentario del viudo me llegó de golpe. ¿Quién va a saber que Nostalgia se fué de este mundo sin despedirse en caso de que el destino le tenga pasaje de ida más temprano que tarde?

Así que desde hoy el gringo tiene una chuleta guardada en su escritorio con todas mis claves (incluyendo la de Blogger) con instrucciones precisas de cómo difundir la noticia. Mañana ya se me olvidará la pendejada, pero por si acaso si ven un post brevísimo y en inglés ya saben que me fuí a la twilight zone sin pasar por go ni cobrar doscientos. Eso sí, dejen bastantes comentarios acerca de lo buena que fuí. Así el hombre se convencerá (diccionario en mano) que esto del blogueo no fué una mera guachafita.

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